Por qué «33» es el mejor episodio de Battlestar Galactica

La primera vez que vi el que para mí es el mejor episodio de Battlestar Galactica lo hice mal. Muy mal. En primer lugar, «33» no era exactamente un episodio piloto. Y aunque me gustó mucho supe, cuando acabó, que me faltaba algo de información. ¿Qué hacían esos dos (Helo y Sharon) solos en un planeta? ¿Y por qué una actriz estaba en dos lugares al mismo tiempo? Definitivamente algo no encajaba. Y, aun así, «33» fue un episodio tan perturbador que me empujó a seguir adelante.

«33» es el mejor episodio de Battlestar Galactica

Estoy volviendo a ver Battlestar Galactica, una de las mejores space opera que se hayan producido nunca. Los años la han tratado bien ya que los efectos especiales eran discretos y se centraba mucho en sus personajes. De ahí que la madurez la haya acogido con amabilidad. Mi yo de ahora también es más maduro, y por eso me maravillo al ver la gran calidad que tenía el episodio piloto, de nombre «33». Para mí, el mejor episodio de Battlestar Galactica.

33 minutos, ni más ni menos

33 es el mejor episodio de Battlestar Galactica

Esos eran los minutos que marcaban la cuenta final. Cada 33 minutos los cylon atacaban, así que la tripulación de Galactica tenía 32 minutos para reparar las naves, cargar la munición, el combustible, calcular saltos a nuevas coordenadas y dormir (los escasos diez minutos, insuficientes para nada, que el comandante y el segundo se reparten) o tomar estimulantes con los que seguir despierto. Y es esa tensión de los 33 minutos lo que le proporciona una gran premisa al episodio.

Ese es el tiempo que los cylon tardan en aparecer y lanzar sus salvas contra la flota colonial. Misiles y más misiles contra naves civiles. Sin aviso y sin piedad. Todavía no han terminado su genocidio. Y Galactica es lo único que se interpone en su camino. Siempre y cuando sigan en la lucha.

¡Tenéis una luz roja ahí mismo!

Ese es el grito con el que el coronel Tigh irrumpe en la consola de una de las baterías de cañones. Es una frase sencilla pero muy poderosa en el contexto donde transcurre. Es como el cómitre cuyos latigazos animan a los remeros a seguir bogando. Me da igual que estéis cansados, ¡nos están exterminando! Los cañones deben disparar, los viper deben volar y hay que lanzarles todo lo que tengamos a los cylon hasta que podamos saltar y huir. Otra vez.

No se permite flojear, y una luz roja que avise de munición agotada no solo no debería ocurrir, ¡sino que deberían haberse percatado! La única forma de seguir vivos es seguir disparando.

47923… y bajando

33 es el mejor episodio de Battlestar Galactica

De la poderosa imagen de ese post-it con un «33» escrito al otro número del episodio: el de supervivientes. Si el «33» nos presenta que se lo están jugando todo, la presidenta Laura Roslin con su pizarra nos muestra una dura lección: no habrá segunda oportunidad.

Ese número es cuanto queda de la raza humana. Es una cifra ridícula, apenas suficiente para sostener la viabilidad de la especia a largo plazo. Y no deja de bajar. Los muertos, los heridos que terminan muriendo, los que fueron contados en exceso en la confusión de la huida… Recordemos que el apocalipsis fue hace una semana.

La presidenta mantiene ese número a la vista, como recordatorio de que el trabajo no debe interrumpirse.

El episodio piloto: Los errores se pagan

Aquí llega el primer spoiler (pequeñito) de una de las mejores series de ciencia ficción que haya visto. En un momento alguien comete un error, no está claro si es Dualla al contar el número de naves, el piloto de la nave civil o sencillamente mala suerte. Pero el Olympic Carrier desaparece. Es un duro golpe para la flota, pues hay más de mil personas a bordo de la nave. Y bien puede ser que todos hayan muerto.

El espectador lo entiende perfectamente. «33» ha establecido de forma tan eficaz lo que está en juego que bastan dos líneas de diálogo para que comprenda la magnitud de lo sucedido. No es solo la pérdida de la nave, sino que es la primera nave que pierden. No hay ninguna garantía de que sea la última. Es una de las principales razones por las que considero 33 como el mejor episodio de Battlestar Galactica. De repente ese «Tenéis una luz roja ahí mismo!» cobra más fuerza. Los errores se pagan. A un precio muy alto.

Los próximos 33 minutos serán cruciales en averiguar el destino del Olympic Carrier.

La destrucción del Olympic Carrier

Y del dicho de «los errores se pagan» al hecho de lo que es necesario. Y ese momento de la verdad llega cuando el Olympic Carrier reaparece. ¿Dónde ha estado? ¿Por qué los cylon no lo han hecho pedazos?

La destrucción del Olympic Carrier se aprecia como algo trágico pero inevitable. El doctor Baltar quiere que la nave desaparezca porque a bordo se encuentra alguien que podría señalarle como el responsable del fracaso de las defensas coloniales. La presidenta Roslin y el comandante Adama creen que la nave es un peligro para toda la flota.

El proceso de toma de decisión es tenso, lento sin ser largo; se saborea la duda, se respira el odio a uno mismo. Esa rabia de tener que hacer lo que no se quiere hacer. Se da la orden de destruir la nave. Y la angustia en las caras de los pilotos, iluminadas por el resplandor de los cañones al disparar, es una de las grandes imágenes de la serie y otra razón más por la que creo que «33» fue el mejor episodio de Battlestar Galactica. El que sentó las bases de cuánto se debe sufrir para que el ser humano sobreviva.

33, el falso episodio piloto de Battlestar Galactica

¡Atención en cubierta! Hay que tener cuidado si se quiere ver la serie de Battlestar Galactica. Porque su primer episodio no es el episodio piloto. Para quien no preste atención, como me ocurrió a mí, puede pasar desapercibido el hecho de que existe una miniserie de Battlestar Galactica, un doble capítulo de tres horas de duración total, donde se cuenta cómo ha empezado y terminado la segunda guerra cylon. Todo antes de llegar al episodio 1.

Sin esa miniserie se puede seguir disfrutando de «33», porque es un gran capítulo inicial, pero la subtrama de Sharon y Helo en Caprica queda descolgada, como si no encajara. Algo similar ocurre entre Gaius Baltar y la mujer rubia en su cabeza, no sabemos de dónde viene. Aunque aquí podemos deducirlo gracias al inteligente uso de los diálogos. Sin embargo, exigía un grado de atención superior a lo habitual para una serie. Justo lo que me pasó a mí.

Por un momento, mientras veía «33», pensé que esa serie iba a tener los mismos problemas que Los jardines de la luna, de Steven Erikson: su curva de aprendizaje iba a ser tremenda. Poco amigable con el lector/espectador. Sin embargo, a medida que transcurrían los minutos me iba enganchando más y más a la historia. Intrigado por la trama y satisfecho de ver pequeños detalles, como esas marcas de 33 sobre los relojes seguí viéndolo. La tensión y el nerviosismo me tuvieron en vilo hasta el final.

Y fue una de esas decisiones que agradezco. La serie es increíble y me gustó tanto que ahora, años más tarde, vuelvo a verla con entusiasmo. Porque se agradece de vez en cuando encontrar buen material con el que deleitarse más allá de las novelas de ciencia ficción.

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